1. 1
    ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?
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    Se yerguen los reyes de la tierra, los caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:
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    «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su yugo!»
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    El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se burla de ellos.
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    Luego en su cólera les habla, en su furor los aterra:
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    «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo.»
  7. 7
    Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.
  8. 8
    Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.
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    Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.»
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    Y ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.
  11. 11
    Servid a Yahveh con temor,
  12. 12
    con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!