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Beatas Maria Ana Vaillot y cuarenta y seis compañeras, mártires

1 de febrero

El sábado primero de febrero de 1794, en el pequeño pueblo de Angers, Francia, dos Hijas de la Caridad: sor María Ana Vaillot y Sor Odilia Baumgarten, van en un largo convoy. Son 398 personas, mujeres en su mayoría. Van atadas de dos en dos a una cuerda central y custodiadas por gendarmes. Avanzan hacia el campo donde serán ejecutadas.

Las Hijas de la Caridad estaban establecidas en el Hospital de Angers desde 1639. En 1792, al proclamarse la República de Francia, la Superiora General da a conocer a la Compañía el decreto de supresión de todas las corporaciones eclesiásticas. Encomendaba a las hermanas “No abandonen el servicio de los pobres si no se ven forzadas a hacerlo. para poder continuar el servicio de los pobres préstense ustedes a todo lo que, honradamente, se les pueda exigir en las presentes circunstancias, con tal que no haya en ello nada contra la religión, la iglesia y la conciencia”.

En septiembre de este mismo año el rigor de la persecución se va a hacer presente en el Hospital de Angers. La finalidad era que las hermanas prestaran el juramento de obediencia a una nueva organización civil en donde la Iglesia pasó a depender del Estado. El alcalde del ayuntamiento informa que las Hermanas estaban dispuesta a hacer el juramente pero que se los impide la influencia de tres de ellas: Sor Antoniette, superiora, María Ana y Odilia. La conclusión es inmediata: son arrestadas inmediatamente. Esto ocurre el domingo 19 de enero de 1794. Dos días después soltaron a Sor Antoniette; pero Sor María Ana, Sor Odilia y otras hermanas comparecen el 21 de enero ante el juez, quien, ante la pertinaz negativa, decreta el fusilamiento.

El 1º. de febrero el comisario de la prisión se presentó con una lista en la mano y empezó a llamar a las víctimas, que iniciaron la marcha hacia el lugar de la ejecución. Sor Odilia mostró miedo al salir de la prisión, pero en el brazo de Sor María Ana quedó fortalecida. Los condenados avanzaron los 3 kilómetros hasta el lugar de la ejecución cantando cánticos y salmos. Las hermanas se animaban mutuamente y también a los que con ellas iban a morir por la fe. El numeroso grupo se alineó a lo largo de las fosas. Al ser reconocidas por los que con ellas sufrirían el martirio se elevó un clamor: pedían gracia para las hermanas. El verdugo se siente impulsado a salvar a las hermanas: «No hagan el juramento y yo me comprometo a decir que lo han hecho». Sor María Ana se encargó de dar la respuesta: «No solamente no queremos hacer el juramento, ni siquiera queremos que se crea que lo hemos hecho».

Se dio entonces la orden de disparar. Sor María Ana no cayó a la primera descarga, únicamente se rompió el brazo. Pudo entonces sostener a Sor Odilia, inanimada y sangrando, mientras llegaba su hora. Con su muerte ellas expresaron cómo era su vida. Lo atestiguado con su sangre lo venían atestiguando con su fe y su acción. Al morir proclaman a quién habían servido durante la vida. Junto con ellas mueren muchas otras mujeres, casadas, solteras y viudas, vinculadas de una u otra manera a las Vicentinas, 45 de ellas beatificadas junto con Sor María Ana y Sor Odilia. El grupo comprende edades muy dispares, desde los 65 años de la viuda Simone Chauvigné, hasta los 23 años de la joven laica Marie Leroy; muchas de ellas son familiares de sangre entre sí como las hermanas D'Epinatz. Hay restos de familias enteras, cuyos hombres habían muerto en el alzamiento contra la Revolución. El grupo fue beatificado el 19 de febrero de 1984 por SS Juan Pablo II.

Hay escasa información individual acerca de estos mártires. El presente escrito está basado en el correspondiente del web Somos Vicencianos, de donde tomo algunas frases literales.