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Beato Antonio Torriani, presbítero y eremita

de la Torre, Della Torre

Nació en Milán (Italia), hacia el año 1424, de la noble familia los Torriani o Della Torre. Después de haber estudiado medicina en la universidad de Pavía y durante algún tiempo ejercitado su profesión en Milán, visitó el hábito agustiniano en el convento de san Marcos de esta ciudad, y poco más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Temiendo que la estima y admiración de que le iban rodeando pudieran dañar a su espíritu, con el permiso de los superiores se retiró al convento de san Nicolás de Foligno, donde tuvo una visión de la Virgen María, de la que era devotísimo. Desde allí parte al poco tiempo, y visita la santa casa de Loreto.

De la ciudad umbra de Spoleto, hacia el 1454, pasó a Roma, y después de venerar las tumbas de los Apóstoles, partió en pía peregrinación a Santiago de Compostela, donde llegaría a finales de 1464; desde donde inició una viaje apostólico, predicando a lo largo de 10 años por España, Francia e Italia. Estos desplazamientos contribuyeron a difundir su fama de santidad, sobre todo por la caridad hacia los enfermos y achacosos -a cuyo servicio ponía con generosidad sus conocimientos médicos-, y con los pobres.

Famoso no sólo por los milagros que obraba sino también por su predicación ardiente y eficaz, en 1474 fue enviado a L’Aquila para aplacar las discordias que laceraban la ciudad. Fue precisamente allí donde se manifestaron mayormente sus virtudes: heroica penitencia, caridad con los apestados, humildad y celo incansable, oración asidua y observancia rigurosa de la regla. Durante dieciocho años dirigió como maestro de espíritu el monasterio de las agustinas de santa Lucía de L’Aquila, consiguiendo hacer florecer una ejemplar observancia regular. Fundó también las «manteladas» o «beatas» de San Agustín, con sede en la iglesia homónima, siempre en L’Aquila, piadosa y benemérita asociación que perduraría hasta el 1809.

Disfrutó del don de profecía y de los éxtasis. Al morir el 24 de julio de 1494, fue sepultado en la iglesia de san Agustín, de donde en 1808 pasó a la de Collemaggio, y en 1838 a la de san Bernardo. Muy pronto gozó de gran veneración, y su fiesta, celebrada en el aniversario del fallecimiento, contó con misa, antífonas e himnos propios. Su culto fue confirmado el 1 de julio de 1759 por Clemente XIII, y en 1770 fue dado como protector a la nueva provincia agustiniana de L’Aquila. Desde 1987, el cuerpo del beato, venerado junto al de la beata Cristina de L’Aquila, se encuentra en la iglesia del monasterio de las agustinas de san Amico de L’Aquila.