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Beato Juan de Salerno, religioso presbítero

Juan Guarna

Juan Guarna nació en Salerno hacia el año 1190. En Bolonia, donde hacía sus estudios, conoció a santo Domingo, con quien contrajo estrecha amistad. Pronto tomó el hábito de la nueva orden. En 1219, santo Domingo mandó a trece frailes a predicar en Etruria y nombró superior del grupo a Juan de Salerno, a pesar de que era el más joven. Los frailes se establecieron en Rípoli, cerca de Florencia. Desde ahí salían a predicar a las ciudades de los alrededores, sobre todo a Florencia. Juan predicaba diariamente en esta última ciudad y buscaba con afán a las ovejas descarriadas. Como perdiesen mucho tiempo en idas y venidas, los dominicos acabaron por establecerse en San Pancracio, junto a las murallas de Florencia. Fray Juan sufrió ahí una ruda prueba. En efecto, una joven, prendada de él, se fingió enferma y le mandó llamar para confesarse. El beato acudió al punto, y la joven aprovechó la ocasión para tentarle. Juan de Salerno la reprendió seriamente y trató de hacerla entrar en razón; pero, como eso no sirvió de nada, tuvo que salir apresuradamente. Sin embargo, no olvidó a la joven en sus oraciones y al fin, obtuvo que ésta se arrepintiese delante de Dios y viniese a pedirle perdón humildemente. Según se cuenta, toda la ciudad se enteró de lo sucedido en la forma siguiente: Cuando un sacerdote iba a exorcizar a una posesa, el mal espíritu dijo por boca de la mujer: «Sólo es capaz de arrojarme de aquí quien pudo pasar por el fuego sin quemarse». El sacerdote le conjuró a que se explicara y, entonces, el mal espíritu contó lo que había sucedido a Juan de Salerno. El sacerdote llamó en seguida al fraile, quien arrojó al demonio de la posesa. Como poseía el don de leer en las almas, podía iluminar o humillar a sus penitentes para su mayor bien.

En 1221, se prohibió a los dominicos que fuesen a cantar el oficio divino en la Iglesia en que lo habían hecho hasta entonces. El beato se trasladó después a Santa María Novella, cuya famosa iglesia data de cincuenta años más tarde. Los patarinos -una secta que procedía de Bosnia- turbaban por entonces la paz religiosa de Italia. Gregorio IX encargó a Juan de Salerno que combatiese a dichos herejes, cuya vida y doctrina se asemejaba no poco a la de los albigenses, con los cuales se había enfrentado santo Domingo. Los patarinos profirieron amenazas contra el beato, pero éste no se amilanó y consiguió finalmente convertir a muchos de ellos. En su lecho de muerte, Juan de Salerno recordó a sus hermanos que la recepción de la comunión es el acto de la vida cristiana que exige mayor diligencia, devoción y pureza. Murió el 9 de agosto de 1242, y su culto fue aprobado en 1783.

En Acta Sanctorum, septiembre, vol. III, está la biografía escrita por Juan Caroli; pero dicho texto tiene algunas lagunas, de suerte que hay que completarlo con el que fue publicado en Analecta Bollandiana, vol. VII (1888), pp. 85-94.