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San Fandila, presbítero y mártir

Fándilas

San Fándilas nació en Guádix, España, al principio del siglo IX, en tiempos de la ocupación musulmana. Después de haber hecho sus estudios en Córdoba, buscó seguir la vida religiosa y entró al monasterio de Tabán. Como se señaló por la santidad de su vida y dio ejemplo de las más altas virtudes, los religiosos del monasterio vecino de San Salvador solicitaron sus servicios como sacerdote. A pesar de su enérgica resistencia, fue elevado a la dignidad sacerdotal y prosiguió con mayor fervor sus penitencias, sus vigilias y sus oraciones; se aplicó a la humildad y a la práctica de todas las virtudes. Abrasado por un celo ardiente para defender la fe, se presentó un día ante el juez y le predicó, elocuentemente, la doctrina del Evangelio. Expuso la perversidad de Mahoma y declaró que todos aquellos que se adhieren a su religión corrompida, serán castigados con suplicios eternos. El juez lo hizo arrestar inmediatamente y dio cuenta del incidente al rey. Este mostró una exagerada indignación, dio rienda suelta a una cólera desmesurada, ordenó el arresto del obispo, la matanza de cristianos y la venta de las mujeres en subasta pública. Felizmente, los gobernadores, estimando que no había proporción ninguna entre esta sentencia y la causa que la había motivado, se abstuvieron de ejecutarla. Sólo Fándilas fue arrestado y llevado a la muerte. Le cortaron la cabeza, y su cuerpo fue colgado de una horca al borde del Guadalquivir. Esto pasó hacia el año 853. La vida de este santo nos fue conservada por san Eulogio de Córdoba.

El relato puede verse en Memorial de Santos, de san Eulogio de Córdoba, vol. III, c. VII; P. L. CXV, col 804-805.