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San Justo de Canterbury, obispo

10 de noviembre

San Justo formaba parte del grupo de misioneros que el papa san Gregorio Magno envió el año 601 para ayudar a san Agustín de Canterbury en Inglaterra. Dados sus méritos, tres años después san Agustín lo consagró primer obispo de Rochester. El rey Etelberto construyó allí una iglesia dedicada a San Andrés, porque los misioneros romanos venían de la iglesia de San Andrés de la Colina Coeli. Cuando san Lorenzo sucedió a san Agustín en la sede de Canterbury, san Justo escribió junto con él y con san Melitón de Londres una carta a los obispos y abades irlandeses, invitándolos a adoptar ciertas costumbres romanas. Dichos santos escribieron otra semejante a los británicos cristianos. A propósito de esta última, dice irónicamente Beda: «Todavía puede verse lo que en realidad consiguieron con eso».

En el año 616. después de la muerte del rey Etelberto, se desató una reacción de los paganos en Kent y entre los sajones del este. Viendo eso, san Lorenzo, san Justo y san Melitón decidieron retirarse algún tiempo, pues no podían hacer ningún bien en tanto que durase la oposición de los príncipes paganos. San Justo y san Melitón partieron a la Galia. Un año más tarde, San Justo volvió a Inglaterra, ya que san Lorenzo, movido por una aparición de san Pedro, había conseguido convertir al rey Edbaldo de Kent.

A la muerte de san Lorenzo, en el 619, fue elegido obispo de Canterbury san Melitón, y a la muerte de éste, en el 624, san Justo. El papa Bonifacio V le envió el palio, junto con una carta en la que le delegaba el derecho patriarcal de consagrar obispos para Inglaterra. En dicha carta, el Pontífice deja ver la estima que profesaba a san Justo, pues habla de la «perfección a la que ha llegado vuestra obra», de la promesa de Dios de estar con quienes le sirven fielmente («su misericordia se ha complacido en manifestar particularmente en vuestro ministerio el cumplimiento de esa promesa») y de la «gran paciencia» de san Justo. La carta concluye de esta manera: «Así pues, hermano mío, debéis esforzaros por conservar con perfecta lealtad lo que la Santa Sede os ha confiado, en prenda de lo cual os enviamos este símbolo de autoridad (es decir, el palio) para que lo llevéis sobre los hombros... Que Dios os guarde, queridísimo hermano». San Justo murió poco después, en el 627. Antes de morir, consagró a san Paulino y le mandó acompañar a Etelburga de Kent cuando ésta partió al norte a contraer matrimonio con el rey Edwino de Nortumbría, que era pagano. Como lo hace notar Beda, «esa alianza fue la ocasión para que el país abrazara la fe». La diócesis de Southwark celebra la fiesta de san Justo.

La principal fuente sobre la vida de san Justo es la Historia Eclesiastica de Beda (edic. y notas de Plummer). Delehaye publicó en Acta Sanctorurn, nov., vol. IV, la biografía escrita por Goscelin en el siglo XI. Acerca de las reliquias de los primeros arzobispos de Canterbury, véase W. St John Hope, Recent Discoveries in the Abbey Church of St Austin at Canterbury (1916). En el sacramentario irlandés conocido con el nombre de Stowe Missal figuran los nombres de Justo, Melitón y Lorenzo, pero no el de san Agustín.
El cuadro es la llamada "Natività di Castello", de maestro desconocido (hacia 1450), que muestra a la Madonna con el Niño, y a su derecha e izquierda respectivamente SS Clemente I y san Justo de Canterbury; se encuentra en el Museo de la Catedral de Prato, Toscana.