Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 15-20

“ Salió el sembrador a sembrar ”

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 15-20

Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis».

Lecturas y Salmo

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 22, 8-13; 23, 1-3

En aquellos días, el sumo sacerdote, Jilquías, dijo al secretario Safán:
«He hallado en el templo del Señor un libro de la ley».
Jilquías entregó el libro a Safán, que lo leyó. El secretario Safán presentándose al rey, le informó:
«Tus servidores han fundido el dinero depositado en el templo y lo han entregado a los capataces encargados del templo del Señor».
El secretario Safán añadió también:
«El sumo sacerdote Jilquías me ha entregado un libro».
Y Safán lo leyó ante el rey.
Cuando el rey oyó las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestiduras. Y dirigiéndose al sacerdote Jilquías, a Ajicán, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, al secretario Safán y a Asaías, ministro del rey, les ordenó:
«Id a consultar al Señor por mí, por el pueblo y por todo Judá, a propósito de las palabras de este libro que ha sido encontrado, porque debe de ser grande la ira del Señor encendida contra nosotros, ya que nuestros padres no obedecieron las palabras de este libro haciendo lo que está escrito para nosotros».
El rey convocó a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén y se reunieron ante él.
Subió el rey al templo del Señor con todos los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén; los sacerdotes, profetas y todo el pueblo, desde el menor al mayor, y leyó a sus oídos todas las palabras del libro de la Alianza hallado en el templo del Señor.
Se situó el rey de pie junto a la columna y, en presencia del Señor, estableció la alianza, con el compromiso de caminar tras el Señor y guardar sus mandamientos, testimonios y preceptos, con todo el corazón y con toda el alma, y poner en vigor las palabras de la alianza escritas en el libro.
Todo el pueblo confirmó la alianza.

Salmo Responsorial

Sal 118, 33. 34. 35. 36. 37. 40 R. Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos.

Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,
y lo seguiré puntualmente. R/.

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.

Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés. R/.

V/. Aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra. R/.

V/. Mira cómo ansío tus mandatos:
dame vida con tu justicia. R/.

Reflexion

Antes de formarte en el vientre, te escogí

En esta primera lectura, Jeremías nos relata la historia de su vocación. La iniciativa parte de Dios. Es Dios quien le llama a ser su profeta, a que proclame las palabras que él le va a indicar. Y le elige desde antes de nacer: “Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré”. Queda claro que el ser profeta de Dios no es una elección de Jeremías. Es Dios el que le llama y elige. Vemos que tal elección le parece demasiado a Jeremías. No se siente capacitado para la misión de profeta: “!Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho”. La respuesta del Señor es bien clara. No tengas miedo, no vas a contar solo con tus fuerzas. Yo voy a estar siempre contigo, para que puedas cumplir la misión que te encomiendo,

De alguna manera, guardando siempre las circunstancias personales, en esta vocación de Jeremías nos vemos retratados todos los cristianos. Es Jesús el que ha tomado la iniciativa de llamarnos a seguirle: “No me habéis elegido vosotros a mí, he sido yo quien os ha elegido”. Por parte de él nunca nos va a dejar solos. Lo que nos pide es que no nos separemos nunca de él, que seamos como los sarmientos unidos a la viña, que permanezcamos siempre en su amor, que le recibamos un día y otro día en la eucaristía. “Sin mí no podéis hacer nada”. Y bien sabemos que con él logramos ser fieles a la vocación de seguirle por las sendas que nos indique

Salió el sembrador a sembrar

Hay alumnos que se quejan de que algunos de sus profesores no se explican bien y que por lo tanto no les llega ni entienden la verdad que quieren transmitirles. No es el caso de Jesús. Tenía sus recursos pedagógicos para que su menaje lo entendiesen todos a los que se dirigía. Uno de esos recursos son las parábolas. Algunas de ellas de carácter agrícola, dada la sociedad en la que vivió Jesús. Es el caso de la parábola de sembrador, que unos versículos más adelante al pasaje de hoy se la explica a sus discípulos y a nosotros en todos sus puntos. Allí debemos ir.  

La principal enseñanza de esta  parábola es que en la vida de cualquier cristiano entran en juego dos elementos: en primer lugar, la semilla, la palabra de Dios, el mismo Jesús… que, de una manera u otra, llega a sus oyentes, llega hasta nosotros. En segundo lugar, cada de nosotros. De cada uno de nosotros va a depender que se pierda tan extraordinaria semilla o dé fruto en distinta medida en la cosecha. No defraudemos a Jesús, y acojámosle en nuestro corazón para que dé los frutos que él desea en nuestra vida.