Información
Fundación
1952
Nombre corto
GP del MMM
Sede
Gruppo Promotore del Movimento per un Mondo Migliore
Publicaciones

Historia

El Movimiento para un Mundo Mejor nació en Roma como respuesta a la llamada de renovación dirigida por Pío XII a la Iglesia con el mensaje radiofónico conocido como “Proclama para un Mundo Mejor”. La predicación del padre Riccardo Lombardi, S. I.

, llevó en los años 1943-1956 a la difusión de las “Ejercitaciones para un Mundo Mejor” y a la apertura en Rocca di Papa (Roma) del Centro Internacional Pío XII, donado por el mismo Pontífice para la formación de los responsables de la comunidad. Entre 1956 y 1965, alrededor del padre Lombardi se constituyó el Grupo Promotor que después del Concilio se dedicará a su recepción, renovando metodologías y estrategias de acción. De 1965 a 1975 el Movimiento desarrolló estudios sobre su cambio, diálogo, secularización, Iglesia pueblo de Dios, mundo; lanzó el proyecto “Nueva imagen de parroquia”; además optó por descentralizarse, saliendo del centro Pío XII. En los años 1975-1989 se ampliaron sus estudios a los conceptos de participación y de justicia; se elaboraron proyectos pastorales para jóvenes, familias, ministerios, institutos religiosos; se inició el Proyecto diocesano de renovación-evangelización. En los diez años posteriores a la muerte del Padre Lombardi, acaecida en 1979, el grupo se reorganizó en equipos locales, regionales y nacionales; se concentró sobre la renovación de la Iglesia local o diócesis; desarrolló estudios sobre los signos de los tiempos, sobre la espiritualidad de comunión y sobre la solidaridad; junto al nombre tradicional añade “Servicio de Animación Comunitaria”. El 14 de diciembre de 1988 el Consejo Pontificio para los Laicos decretó el reconocimiento del Gruppo Promotore del Movimento per un Mondo Migliore como asociación internacional de fieles de derecho pontificio. .


Identidad

El GP del MMM es un grupo intervocacional al servicio de la renovación- conversión de la Iglesia y de la sociedad, en la unidad ESTRUCTURA DIFUSIÓN 191 universal, para la salvación del mundo. La finalidad del grupo es la de promover un movimiento para un mundo mejor, “movimiento” entendido como espíritu o dinamismo histórico que se injerta –y se pierde– en ese más global de la Iglesia y del mundo. Es un grupo de animadores: parte de la lectura de los signos de los tiempos y, llamando a la conversión a los grupos humanos, les abre a horizontes cada vez más amplios. Promueve la espiritualidad de comunión a través de proyectos de renovación-evangelización para institutos religiosos, parroquias, diócesis. Se caracteriza por la concepción comunitaria: amar a Dios, amar al prójimo y querer el bien común significa construirse juntos como pueblo de Dios, sensibilizando a métodos que consientan alcanzar la santidad comunitaria. Cada miembro continúa perteneciendo a la propia comunidad de origen, en nombre y en representación de la cual se pone al servicio del conjunto y a la que vuelve al terminar el propio mandato o servicio.


Estructura

Cada grupo local tiene una Dirección que se articula en equipos –locales, regionales, nacionales– que promueven los proyectos de renovación- conversión a nivel de sensibilización, de profundización y de compromiso operativo. Los grupos locales se organizan internacionalmente por áreas geográficas, para hacer experiencia de comunión y de colaboración en la acción y en la formación apostólica, sobre la base de los respectivos planes. Cada área tiene un Coordinador y un Equipo de coordinación. Los Coordinadores, junto a la Dirección general, forman el Grupo internacional de animación que se reúne anualmente. Momento culminante de la vida y de la misión de la asociación es la Asamblea general o Cenáculo pastoral, que se convoca cada cuatro años y durante la cual se elige la Dirección general, formada por cinco personas. Para coordinar los estudios e investigaciones está el Equipo internacional de reflexión. Cada cuatro años el GP del MMM realiza un estudio, con el método de la investigación científica, con el fin de madurar la conciencia de la situación de la Iglesia y del mundo y de poner al día el propio patrimonio y sus instrumentos de servicio.


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