Beata Florida Cévoli, amante de raudo vuelo, el fuego de sus heridas en tu costado se ha abierto. Y adentro, en el corazón, Jesús ha dejado un sello: grabadas llevas en carne las mzrcas de tus deseos. Florida, junto a Verónica del mismo pozo bebiendo: las llagas de Cristo Esposo, sin tasa amando y sufriendo. Es su Pasión sacrosanta, del nuevo Adán, nuevo huerto: el mundo está en Jesucristo, en sus amantes naciendo. Florida, de tus hermanas hermana y madre a sus ruegos, gozando cuando les sirves, unidas en santo empeño. ¡A Cristo Dios coronado de espinas en sus cabellos la gloria infinita ciña eternamente en los cielos! . Amén.