Si de los Fieles llamado sois para sus desventuras; libradnos de calenturas, San Gil bienaventurado. Dando en los males salud, tanto a Cristo parecisteis que en la niñez descubristeis vuestra singular virtud: De tierna edad, lastimado, al pobre vestir procuras; Hacéis con vuestra riqueza rico al pobre, y quedáis pobre, para que en las fiebres cobre su perdida fortaleza; al demonio habéis lanzado, y a la ponzoña dais cura; Del mar sosegáis la guerra, y al fértil yermo volvéis, para que en todo os mostréis santo por mar y por tierra: pues con humilde cuidado encubrís tantas venturas; Ser siervo de Dios parece, a quien una cierva aprueba, supuesto que en una cueva os da leche y obedece: y en ella misma flechado os miráis las espesuras; Aquel oculto pecado, que el Rey Carlos ciego calla, por vos lo confiesa, y halla perdón, ya Dios aplacado: y del cielo fue alumbrado entre congojas tan duras; Quitáis con vuestros aciertos al demonio mil cautivos, dais vida del alma a vivos, y vida al cuerpo de muertos: y pues con pecho alentado dais a luzbel apreturas; Las puertas que encomendáis al Tiber, seguras fueron, y estos lances descubrieron, que por la del cielo entráis: pues la senda habéis hallado de celestiales anchuras. Si de los Fieles llamado sois para sus desventuras; libradnos de calenturas, San Gil bienaventurado.