Glorioso san Juan Evangelista, a vos acudimos, llenos de confianza en vuestra intercesión. Nos sentimos atraídos a vos con una especial devoción y sabemos que nuestras súplicas serán más agradables a Dios nuestro Señor, si vos, que tan amado sois de Él, se las presentáis. Vuestra caridad, reflejo admirable de la de Dios, os inclina a socorrer toda miseria, a consolar toda pena y a complacer todo deseo y necesidad, si ello ha de ser provechoso para nuestra alma. Mirad, pues, nuestra necesidad de conocer al Maestro, tú que estuviste cerca de Él. Mira nuestros trabajos y necesidades, nuestros buenos deseos, y alcanzadnos que aseguremos cada día más nuestro conocimiento del evangelio del que tu fuiste un testigo privilegiado.