Con gran devoción y nueva profundidad de sentimientos, también yo esperaba y pedí esto a Dios que se me concediera finalmente ser e siervo y ministro de Cristo el consolador, el ministro de Cristo el ayudador, el ministro de Cristo el redentor, el sanador, el libertador, el enriquecedor. Así sucedería que yo también podría, por su medio, ayudar a muchos, a consolarlos, librarlos, darles fortaleza, iluminarles no solo en su espíritu sino también en sus cuerpos y traerles también otras ayudas para el cuerpo y para el alma de todos y cada uno de mis vecinos: Amén