Qué grande es Dios! ¡Qué bien ordena los acontecimientos siempre para su gloria! ¡Sólo Dios llena el alma..., y la llena toda! La verdadera felicidad se encuentra en Dios y solamente en Dios. El que no tiene a Dios necesita consuelo; pero el que ama a Dios, ¿qué más consuelo? ¡Cómo se inunda mi alma de caridad verdadera hacia el hombre, hacia el hermano débil, enfermo...! Si el mundo supiera lo que es amar un poco a Dios, también amaría al prójimo. Al amar a Jesús, forzosamente se ama lo que El ama. La única verdad es... Cristo. He hecho el votó de amar siempre a Jesús. Virgen Maria, ayúdame a cumplir mi voto. Para Jesús todo, y todo, para siempre, para siempre. No le bastó a Dios entregarnos a su Hijo en una Cruz, sino además nos dejó a Maria. Honrando a la Virgen, amaremos más a Jesús; poniéndonos bajo su manto, comprenderemos mejor la misericordia divina. ¡Qué grande es Dios, qué dulce es María! Amén.