¡Oh gloriosa virgen santa Águeda! Humilde esclava del Señor de los señores y magnánima apreciadora de su humildad. Os ruego humildemente, me alcancéis de vuestro dulce Esposo un corazón muy humilde y al mismo tiempo magnánimo, que aprecie sobre todo lo creado la gracia que mi señor Jesucristo me mereció con el precio infinito de su divina sangre. Abogada os considero de los verdaderos humildes, así como lo mostrasteis premiando  a una devota y humilde mujer, que veneraba en su casa vuestras sagradas reliquias, y ensordeciendo dolorosamente a otra, que con soberbia dijo, no quería ir a vuestro sepulcro a daros culto y veneración. Haced, Santa mía, que mis palabras, obras y traje respiren y rebosen humildad; y dadme una solución para las necesidades que sufro, que son urgentes y graves, ya que Vos por generosa gracia, siempre atendisteis a los necesitados prestando protección y ayuda, y asimismo sea mi corazón tan magnánimo, que pierda, si necesario fuere, hasta la vida por mantener la gracia de Dios, con la cual alcance la eterna bienaventuranza. Amén.