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Rezar por nuestros difuntos: la esperanza de que Jesús no pierde a nadie
Hoy, 2 de noviembre, la Iglesia recuerda a todos los fieles difuntos. Una guía simple para rezar por los que se fueron, con fe y sin miedo.
Hoy, lunes 2 de noviembre, la Iglesia celebra la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Ayer festejamos a todos los santos; hoy rezamos por los que todavía están en camino hacia el encuentro pleno con Dios. Es un día para acordarnos de los abuelos, los padres, los amigos y todos los que ya no están, y para hacerlo con esperanza, no con desesperación.
Una promesa que nos sostiene
El Evangelio de hoy (Juan 6, 37-40) tiene una frase de Jesús que conviene guardar en el corazón:
"La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día." (Jn 6, 39)
Jesús no vino a perder gente. Vino a buscarla, a sostenerla y a resucitarla. La primera lectura (Sabiduría 3, 1-9) lo dice con otras palabras: "Las almas de los justos están en las manos de Dios". Y san Pablo, en Romanos 5, nos recuerda que la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios fue derramado en nuestros corazones.
¿Por qué rezamos por los difuntos?
Porque el amor no se corta con la muerte. La Iglesia enseña que quienes mueren en amistad con Dios pero todavía necesitan purificarse pasan por el purgatorio, para entrar con el corazón entero en la alegría del cielo (Catecismo, nn. 1030-1031). Y nos anima a ayudarlos con nuestra oración, sobre todo con la Misa, y también con limosnas, obras de penitencia e indulgencias (Catecismo, n. 1032).
No es una costumbre triste: es una forma concreta de seguir amando a los que se fueron. La comunión de los santos une a los que peregrinamos acá, a los que se purifican y a los que ya están con Dios.
Un poco de historia
La costumbre de dedicar un día a rezar por todos los difuntos se difundió desde el monasterio de Cluny, en Francia, a fines del siglo X, por iniciativa de san Odilón. Desde ahí se extendió a toda la Iglesia, y hoy en muchos de nuestros pueblos y ciudades las familias llenan los cementerios de flores y velas.
Cinco gestos para vivir este día
- Andá a Misa y ofrecela por tus difuntos. Es la mejor oración que podemos hacer por ellos.
- Visitá el cementerio y rezá ahí aunque sea un Padre Nuestro. Entre el 1 y el 8 de noviembre la Iglesia concede una indulgencia plenaria aplicable a las almas del purgatorio a quien visita un cementerio y reza por los difuntos, con las condiciones habituales (confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa).
- Escribí una lista con los nombres de las personas que querés recordar y llevala a la oración.
- Rezá el Rosario en familia por ellos, o probá con una oración tradicional como los Cien Réquiem.
- Hablá de ellos con los tuyos: contá una anécdota, agradecé lo que te dejaron. La memoria agradecida también es oración.
Si el dolor todavía está fresco
Si perdiste a alguien hace poco, este día puede doler más. Está bien. Jesús lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro. La fe no borra la tristeza, pero le pone un horizonte: la muerte no tiene la última palabra. Si te sirve, en Creemos tenés un artículo sobre la muerte y la esperanza de la unión con Dios, y canciones para rezar en estos días.
Una oración para hoy
Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Que descansen en paz. Amén.
Recursos relacionados
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- Decenario de la pasión en sufragio de las almas del purgatoriooracion
- Santo Rosariooracion
- La Muerte y la Esperanza de Unión con Diosapologetica
- La Muerte No Podra Contra El Amorcancion
- Mas Cerca Oh Dios De Ticancion
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