PRIMERA PARTE: LA PROFESIÓN DE LA FE · El Credo (artículos de la fe) · 360
¿Qué importancia tienen para nosotros las Bienaventuranzas?
Las Bienaventuranzas
Las Bienaventuranzas son el centro de la predicación de Jesús, recogen y perfeccionan las promesas de Dios hechas a partir de Abraham. Dibujan el rostro mismo de Jesús y trazan la auténtica vida cristiana, desvelando al hombre el fin último de sus actos: la bienaventuranza eterna.
Introducción a las Bienaventuranzas
Las Bienaventuranzas son una parte fundamental del mensaje de Jesús, y se encuentran en el Sermón de la Montaña, en el Evangelio de Mateo (Mt 5, 3-12) y en el Evangelio de Lucas (Lc 6, 20-23). En ellas, Jesús nos enseña que la verdadera felicidad y la verdadera bienaventuranza se encuentran en la relación con Dios y en la práctica de la virtud.
La importancia de las Bienaventuranzas
Las Bienaventuranzas nos muestran el camino hacia la santidad y la unión con Dios. Nos enseñan que la verdadera bienaventuranza no se encuentra en las riquezas, el poder o la fama, sino en la humildad, la pobreza, la mansedumbre y la justicia. Como dice Jesús: > "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mt 5, 3).
Las ocho Bienaventuranzas
Las ocho Bienaventuranzas son:
- Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
- Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
- Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
- Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia.
- Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
- Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
- Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Conclusión
Las Bienaventuranzas son un llamado a la conversión y a la santidad. Nos enseñan que la verdadera bienaventuranza se encuentra en la relación con Dios y en la práctica de la virtud. Como dice Jesús: "Así que, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5, 48).
1716-1717, 1725-1726