Evangelio del día

Efesios 3, 2-12 y Lucas 12, 39-48

Miércoles, 21 de octubre de 2026

“¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?”

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Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 

Efesios 3, 2-12

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este designio secreto que acabo de exponerles brevemente. Y al leer esto, podrán darse cuenta del conocimiento que tengo del designio secreto de Dios realizado en Cristo.

Éste es un designio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: es decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo. Y yo he sido constituido servidor de este Evangelio por un don gratuito de Dios, que me ha sido concedido con toda la eficacia de su poder.

A mí, el más insignificante de todos los fieles, se me ha dado la gracia de anunciar a los paganos la incalculable riqueza que hay en Cristo, y dar a conocer a todos cómo va cumpliéndose este designio de salvación, oculto desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.

Él lo dispuso así, para que la multiforme sabiduría, sea dada a conocer ahora, por medio de la Iglesia, a los espíritus celestiales, según el designio eterno realizado en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien podemos acercarnos libre y confiadamente a Dios, por medio de la fe en Cristo.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas

Lucas 12, 39-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Entonces Pedro le preguntó a Jesús: “¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?”

El Señor le respondió: “Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso ese siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene.

Pero si ese siervo piensa: ‘Mi amo tardará en llegar’ y empieza a maltratar a los otros siervos y siervas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte de los desleales.

El siervo que conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos.

Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más.

Reflexión del Papa

«A quien mucho se le ha dado, mucho se le pedirá; a quien mucho se le ha confiado, mucho más se le pedirá». Jesús dice esto a sus discípulos más cercanos, a quienes estuvieron con Él durante más tiempo. Y nosotros también hemos recibido mucho del camino recorrido hasta ahora; hemos estado con Jesús y con la Iglesia, y aunque la Iglesia es una comunidad con limitaciones humanas, hemos recibido muchísimo. Por eso, Jesús espera mucho de nosotros. Es una señal de confianza, de amistad. Espera mucho porque nos conoce y sabe que podemos. Jesús vino a traer fuego: el fuego del amor de Dios en la tierra y el fuego del deseo en nuestros corazones. En cierto modo, Jesús nos quita la paz si pensamos en la paz como una calma inerte. Sin embargo, esta no es la verdadera paz. A veces deseamos que nos «dejen en paz»: que nadie nos moleste, que los demás dejen de existir. Esa no es la paz de Dios. La paz que Jesús trae es como un fuego y nos exige mucho. Sobre todo, nos pide que tomemos una postura firme. Ante la injusticia, la desigualdad, donde se pisotea la dignidad humana, donde los vulnerables son privados de la voz: alzad la voz. Tener esperanza es alzar la voz. Tener esperanza es comprender en el corazón y demostrar con hechos que las cosas no deben seguir como antes. Este es también el buen fuego del Evangelio. (León XIV - Audiencia General, 22 de noviembre de 2025) (León XIV - Audiencia general, 22 de noviembre de 2025)

¿Qué cantamos hoy?

El cancionero de la misa arma el repertorio con estas lecturas. Guardalo y pasalo al coro.

Cancionero para la misa de hoy