Cargando Misa y liturgia
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13 de septiembre de 2026 · TIEMPO ORDINARIO
Momento 1
Señal de la cruz. El sacerdote saluda a la asamblea y se introduce la celebración del día.
13 de septiembre
XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
Sugerencias para la celebración
Cada domingo celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado. Ello no hace de nuestra asamblea una comunidad perfecta, pero sí reconciliada.
El don de la reconciliación entre nosotros debe ser cultivado día a día. Para ello, el perdón es esencial. Por un lado, acoger y celebrar el perdón que Dios nos dispensa, y por otro, aprender a perdonar a los demás, cuando se nos ha ofendido.
Desde muy al principio, el domingo fue para los cristianos un día para la purificación y reconciliación entre los hermanos. Este domingo puede serlo también.
¿Cuántas veces perdonar?
La liturgia de la Palabra de este domingo puede ser vista como una continuación de la celebración del domingo pasado. Tanto si corregimos al que está equivocado, como si nosotros hemos sido corregidos, se impone siempre la actitud del perdón. Sin perdonar al hermano, sin perdonarnos a nosotros mismos, no hay reconciliación posible.
Este domingo celebramos la capacidad que tenemos para renovar el amor fraterno cuando éste ha sido herido. Ese es el papel del perdón en la comunidad cristiana. Para dimensionarlo, Jesús hoy nos ofrece una parábola de intenso dramatismo (Evangelio).
Entre los varios aspectos que se pueden destacar en este relato, uno de ellos es la relación directa que existe entre nuestra capacidad para perdonar, y el perdón que podemos recibir de Dios. Si tomamos conciencia de cuánto nos ha perdonado el Señor, será más fácil perdonar a quien nos ha ofendido. Esa relación está presente en la oración dominical: «Perdona nuestras ofensas – le pedimos al Señor- como nosotros perdonamos a los que nos ofenden».
En ese plano, es evidente que los cristianos tenemos una profunda motivación tanto para perdonar a quienes nos han ofendido, así como para aceptar el perdón de los demás. Por si esto fuera poco, el Eclesiastés nos convence que nada más sano y beneficioso para el alma, para no caer en el rencor, que aprender a perdonar (
Momento 2
Este domingo tenemos la posibilidad de hacer ver y destacar esta dimensión de nuestra celebración. Deberíamos preparar especialmente el Acto Penitencial. ¿Se podrá cambiar la fórmula acostumbrada, empleando la segunda fórmula? Para ello quizá sea necesario advertir a la asamblea antes de la misa que vamos a usar esa fórmula breve, pero significativa. O quizá hace tiempo que no rezamos el «Yo confieso», lo cual podríamos hacer con una buena motivación previa. A veces basta un gesto muy simple, como hacer un silencio bastante más prolongado que el habitual para generar un clima que cause impacto.
En todo caso, no nos olvidemos que en estos casos nunca se omite el «Señor, ten piedad. ¿Por qué no, también, adornar especialmente la cruz, hacia la cual dirigir nuestra mirada al cantar el «Señor ten piedad»? El sacerdote celebrante, en ese momento, en vez de mirar a la asamblea, podría acercarse a contemplar la Cruz del altar, desde donde Dios dispensa su perdón.
Plegaria de la Reconciliación
También este domingo, como el anterior, sugerimos emplear una de las Plegarias Eucarísticas de la Reconciliación.
Y nos parece que la oración dominical debería ser más destacada. La cuarta invitación es bien apropiada: «Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado».
En caso de ser cantado, habría que procurar que la asamblea conozca suficientemente la melodía.
Oración sobre el pueblo
También hoy podemos usar para la bendición final, una de las oraciones sobre el pueblo que tenemos en nuestro querido Misal Romano. Les proponemos la siguiente:
Concede, Señor, a tus fieles la misericordia y la paz para que sean purificados de sus pecados y con serenidad interior, te sirvan con generosa disposición. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Que tengan todos una linda celebración. ¡Bendigamos al Señor!
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Antífona de entrada Cf. Ecli 36, 18
Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.
Momento 3
Los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma) y en las solemnidades se canta o recita el himno «Gloria a Dios en el cielo».
Momento 4
El sacerdote invita a orar en silencio y concluye con la oración propia del día.
Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados
Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30—28,7
El rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador. El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados. Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados.
Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane? No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados! Él, un simple mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados? Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos; acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.
Palabra de Dios.
Momento 5
Se proclama la Palabra. Al terminar: «Palabra de Dios». — «Te alabamos, Señor».
Experimentar el perdón de Dios
Es muy importante educar a los fieles a tomar en serio el
Momento 6
Se responde al salmo con la antífona del día.
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.
No acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.
Cuanto se alza al cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. R.
Tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 14, 7-9
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos.
Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 13, 34
Momento 7
«El Señor esté con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se proclama el Evangelio.
Momento 8
El sacerdote o el diácono explica la Palabra y la acerca a la vida de la asamblea.
Momento 9
ORACIÓN UNIVERSAL
S. Dios nos da gratuitamente, el don de su amor. Por ello presentamos ahora nuestra oración por la Iglesia, por todos los hombres y por nosotros.
Por la Iglesia universal, para que viva siempre el mandamiento del amor y del perdón, anunciando al mundo la misericordia infinita de Dios. Roguemos al Señor.
Por las autoridades y gobernantes, para que promuevan la reconciliación, la justicia y la paz entre los pueblos, trabajando especialmente por quienes más sufren la violencia y la división. Roguemos al Señor.
Por los enfermos, los que viven heridos por el resentimiento, las ofensas o las rupturas familiares, para que encuentren la gracia de perdonar y experimentar el consuelo y la sanación del Señor. Roguemos al Señor.
Por nuestra comunidad, para que aprendamos a perdonar de corazón, como Cristo nos perdona, y vivamos unidos en la caridad y la misericordia. Roguemos al Señor.
S. Dios y Padre todopoderoso, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos los dones de tu bondad. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
Antífona de comunión Cf. Sal 35, 8
¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Momento 10
La asamblea ora por la Iglesia, el mundo, los que sufren y la comunidad local.
Momento 11
Presentación de los dones, prefación, Santo y plegaria eucarística. El sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.
Momento 12
El sacerdote invita: «Fieles a la recomendación del Salvador…». Todos rezan:
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Momento 13
«La paz del Señor esté siempre con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se puede intercambiar un signo de paz.
Momento 14
Mientras se parte el pan se canta o recita el Cordero de Dios.
Momento 15
«Este es el Cordero de Dios…» — «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Momento 16
Oración después de la comunión, bendición y envío: «Podéis ir en paz.» — «Demos gracias a Dios.»