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Santísima Virgen María que para inspirarnos una confianza sin límites,
has querido tomar el dulce nombre de Madre del Perpetuo Socorro,
te suplicamos nos socorras en todo tiempo y luegar,
en tentaciones, después de nuestras caídas,
en todas las dificultades de la vida y
sobre todo en el trance de la muerte.
Concédenos, amorosa Madre, la costumbre de recurrir siempre a Ti,
porque estamos ciertos que si somos fieles en invocarte,
Tú serás fiel en socorrernos.
Obtennos esta gracia de las gracias,
la de suplicarte sin cesar con la confianza de hijos,
a fin de que, en virtud de esta súplica constante,
obtengamos tu perpetuo socorro y la perseverancia final.
Bendícenos, tierna y cuidadosa Madre y ruega por nosotros
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
* Nos has sido dada, Señora como refugio.
* Como auxilio oportuno en tu tribulación.
Oremos: Señor Jesucristo que nos diste a tu Madre María,
cuya insigne imagen veneramos, como Madre dispuesta a
socorrernos perpetuamente, concédenos, te lo pedimos,
que implorando tu maternal socorro, merezcamos experimentar
perpetuamente los frutos de tu Redención.
Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amen.
TODOS: Seáis amada, seáis alabada, seáis invocada,
seáis eternamente bendita, oh Virgen del Pepetuo Socorro,
mi esperanza, mi amor, mi madre, mi refugio, y mi vida.
Amén.