Cargando Misa y liturgia
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20 de septiembre de 2026 · TIEMPO ORDINARIO
Momento 1
Señal de la cruz. El sacerdote saluda a la asamblea y se introduce la celebración del día.
20 de septiembre
XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
Sugerencias para la Celebración
El domingo, día que santificamos con la Eucaristía, es un día de fe, pero también es un día de esperanza. Muchos elementos de la celebración de cada domingo así lo sugieren. De hecho, participar en la «Cena del Señor» siempre es anticipar el banquete de las «Bodas del Cordero», que san Juan escribía en el Apocalipsis.
La Eucaristía nos hace pre-gustar esa experiencia que al final será plena y definitiva.
Vale la pena esta consideración cuando el evangelista del año, san Mateo nos lleva en este domingo y los siguientes a levantar la mirada hacia las realidades definitivas del Reino de los cielos.
Otras parábolas
Este domingo San Mateo nos presenta una nueva sección con parábolas sobre el Reino de los cielos. Estas tendrán un rasgo que las diferencian del anterior ciclo de parábolas, pues éstas tienen un sentido escatológico. Como señalábamos en el Saludo de este número, Jesús está ya solo con sus discípulos y quiere responder a una pregunta que podría formularse más o menos así: ¿Cómo debe vivir el discípulo de cara a la venida definitiva del Reino?
La parábola de los obreros contratados al final del día pone de manifiesto que la lógica de Dios no es como la nuestra. «Los pensamientos de ustedes no son los míos» (
Momento 2
Se invita a reconocer los pecados. Puede usarse el «Yo confieso», las invocaciones Kyrie u otra fórmula. Como ayuda para rezar:
Acto de contrición
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado. Amén.
Momento 3
Los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma) y en las solemnidades se canta o recita el himno «Gloria a Dios en el cielo».
Momento 4
El sacerdote invita a orar en silencio y concluye con la oración propia del día.
Dios nuestro, que estableciste el fundamento de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos que, cumpliendo lo que mandas, merezcamos alcanzar la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Los pensamientos de ustedes no son los míos
Lectura del libro de Isaías 55, 6-9
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y Él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-.
Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Palabra de Dios.
Momento 5
Se proclama la Palabra. Al terminar: «Palabra de Dios». — «Te alabamos, Señor».
Consecuencias importantes
Las consecuencias de la comprensión de esta parábola son muy importantes.
La relación con Dios no se rige por la lógica de la recompensa, sino por la lógica del don. Nosotros no cobramos ni tenemos derechos sobre Dios si hemos trabajado para él. Todo lo contrario, debemos estar agradecidos por habernos invitado a participar.
Los padres de la Iglesia lo interpretaban pensando que los llamados a trabajar en la primera hora habían sido los judíos; y que los últimos eran los venidos a la Iglesia desde el paganismo. Es una bella interpretación que podemos actualizar: la vocación cristiana puede llegar tarde, incluso en los últimos años de nuestra vida. Y Dios siempre nos dará su palabra de acogida.
Una verdad celebrada
Aunque quizá no nos hemos dado cuenta, esa lógica de Dios se verifica en nuestras celebraciones.
Cuando nos acercamos a comulgar, no se hace ninguna diferencia en quién llegó primero o quién llegó después. Todos comulgan del mismo pan, que es Cristo. No comulgan los ministros en una fila, y las demás personas en otra. Porque Dios no hace discriminación de personas.
Ninguno tiene «derecho» a recibir la comunión. Por eso decimos: «No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme».
Todos la recibimos como un don. Por eso es significativo que cada uno recibe de otro – el ministro- la comunión, y nadie -excepto el sacerdote, por razones prácticas- se la da a sí mismo. ¡Es un don!
Por eso, lo natural será siempre estar agradecidos.
¡Feliz domingo!
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Antífona de entrada
Yo soy el salvador de mi pueblo, dice el Señor. Lo escucharé cuando me invoque en su angustia y seré su Señor para siempre.
Momento 6
Se responde al salmo con la antífona del día.
R. El Señor está cerca de aquellos que lo invocan.
Día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza: su grandeza es insondable! R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; el Señor es bueno con todos y tiene compasión de todas sus criaturas. R.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones; está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad. R.
Para mí la vida es Cristo
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 1, 20b-26
Hermanos:
Estoy completamente seguro de que ahora, como siempre, sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo. Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia.
Pero si la vida en este cuerpo me permite seguir trabajando fructuosamente, ya no sé qué elegir. Me siento urgido de ambas partes: deseo irme para estar con Cristo, porque es mucho mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que permanezca en este cuerpo.
Tengo la plena convicción de que me quedaré y permaneceré junto a todos ustedes, para que progresen y se alegren en la fe. De este modo, mi regreso y mi presencia entre ustedes les proporcionarán un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Hech 16, 14b
Momento 7
«El Señor esté con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se proclama el Evangelio.
Momento 8
El sacerdote o el diácono explica la Palabra y la acerca a la vida de la asamblea.
Momento 9
ORACIÓN UNIVERSAL
S. Hermanos, dirijamos nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Por la Iglesia universal, para que anuncie con alegría que el Señor está cerca de quienes lo invocan y continúe mostrando al mundo la misericordia y la bondad de Dios. Roguemos al Señor.
Por las autoridades y gobernantes, para que trabajen con justicia y espíritu de servicio, buscando siempre el bien común y la dignidad de cada persona, especialmente de los más necesitados. Roguemos al Señor.
Por los que viven alejados de Dios, por los desanimados, desempleados y quienes sienten que han perdido la esperanza, para que descubran que el Señor los llama siempre a trabajar en su viña y les ofrece su amor generoso. Roguemos al Señor.
Por nuestra comunidad, para que aprendamos a vivir sin envidia ni egoísmo, reconociendo con gratitud la bondad de Dios y haciendo de Cristo el centro de nuestra vida. Roguemos al Señor.
S. Señor Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que pedimos con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta con bondad, Señor, las ofrendas de tu pueblo, y, por medio de este sacramento celestial, haz que se haga vida en nosotros cuanto proclamamos por la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
Antífona de comunión Sal 118, 4-5
Tú promulgaste tus mandamientos para que se cumplieran íntegramente. Ojalá yo me mantenga firme en la observancia de tus preceptos.
O bien: Cf. Jn 10, 14
Dice el Señor: Yo soy el buen pastor, conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Padre, que acompañes siempre con tu auxilio a los que alimentas con tus sacramentos, para que en estos misterios recibamos los frutos de la redención y la conversión de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Momento 10
La asamblea ora por la Iglesia, el mundo, los que sufren y la comunidad local.
Momento 11
Presentación de los dones, prefación, Santo y plegaria eucarística. El sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.
Momento 12
El sacerdote invita: «Fieles a la recomendación del Salvador…». Todos rezan:
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Momento 13
«La paz del Señor esté siempre con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se puede intercambiar un signo de paz.
Momento 14
Mientras se parte el pan se canta o recita el Cordero de Dios.
Momento 15
«Este es el Cordero de Dios…» — «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Momento 16
Oración después de la comunión, bendición y envío: «Podéis ir en paz.» — «Demos gracias a Dios.»