Cargando Misa y liturgia
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4 de octubre de 2026 · TIEMPO ORDINARIO
Momento 1
Señal de la cruz. El sacerdote saluda a la asamblea y se introduce la celebración del día.
4 de octubre
XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
Sugerencias para la celebración
Celebrar el domingo, como día del Señor, supone siempre una gran alegría, pues nos constituimos en comunidad, asamblea reunida que celebra su fe y espera atenta la presencia del Señor.
Hoy día, sin embargo, el Señor que viene y que se hace presente en medio de nosotros es un Señor que en cierto modo anticipa el juicio que acaecerá al final de los tiempos, cuando se instaure definitivamente el Reino de los cielos.
Este domingo será, por lo tanto, un día para confrontarnos con la expectativa que tiene el Señor de nosotros; un día de discernimiento y responsabilidad.
Los frutos esperados
La lectura del profeta Isaías es un poema de honda tristeza. Expresa la desilusión de un Dios que ha cultivado con tanto amor y paciencia la relación con su pueblo. Todo lo hizo con esmero, y lo lógico habría sido cosechar buenos frutos. Pero no fue así. Israel – porque la viña representa al pueblo de Dios- no dio los frutos que Dios esperaba.
Jesús en su parábola también habla de la viña, es decir, de Israel. Pero el Señor hace un giro y no culpa a todo el pueblo por los frutos agraces, sino que hace ver la maldad de los viñadores, es decir, de sus autoridades. Su pecado ha consistido en querer apropiarse de los frutos que la viña ha dado. Despreciaron a los profetas, y finalmente al mismo Cristo, descrito en la parábola como el hijo del dueño de la viña.
Esta parábola es realmente una prefiguración del misterio pascual de Cristo.
Jesús está aquí advirtiendo algo importante. La autoridad en la Iglesia no debe cultivar una actitud posesiva respecto de sus fieles. Ninguno de nosotros es dueño de la Iglesia. Es una indicación directamente orientada a la jerarquía, pero también a todo cristiano que cumple algún papel directivo en ella.
La
Momento 2
Se invita a reconocer los pecados. Puede usarse el «Yo confieso», las invocaciones Kyrie u otra fórmula. Como ayuda para rezar:
Acto de contrición
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado. Amén.
Momento 3
Los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma) y en las solemnidades se canta o recita el himno «Gloria a Dios en el cielo».
Momento 4
El sacerdote invita a orar en silencio y concluye con la oración propia del día.
Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso sobrepasas los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia perdonando lo que inquieta nuestra conciencia y concediéndonos aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel
Lectura del libro de Isaías 5, 1-7
Voy a cantar en nombre de mi amigo el canto de mi amado a su viña. Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. Él esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios.
Y ahora, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, sean ustedes los jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más se podía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Si esperaba que diera uvas, ¿por qué dio frutos agrios?
Y ahora les haré conocer lo que haré con mi viña; quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada. La convertiré en una ruina, y no será podada ni escardada. Crecerán los abrojos y los cardos, y mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella.
Porque la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡Él esperó de ellos equidad, y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 79, 9. 12-16. 19-20
R. La viña del Señor es su pueblo.
Tú sacaste de Egipto una vid, expulsaste a los paganos y la plantaste; extendió sus sarmientos hasta el mar y sus retoños hasta el Río. R.
¿Por qué has derribado sus cercos para que puedan saquearla todos los que pasan? Los jabalíes del bosque la devastan y se la comen los animales del campo. R.
Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que Tú hiciste vigoroso. R.
Nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre. ¡Restáuranos, Señor de los ejércitos, que brille tu rostro y seremos salvados! R.
Pongan esto en práctica, y el Dios de la paz estará con ustedes
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4, 6-9
Hermanos:
No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos.
Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.
Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Jn 15, 16
Momento 5
Lecturas, salmo y Evangelio propios de este día.
Momento 8
La asamblea ora por la Iglesia, el mundo, los que sufren y la comunidad local.
Momento 9
Presentación de los dones, prefación, Santo y plegaria eucarística. El sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.
Momento 10
El sacerdote invita: «Fieles a la recomendación del Salvador…». Todos rezan:
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Momento 11
«La paz del Señor esté siempre con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se puede intercambiar un signo de paz.
Momento 12
Mientras se parte el pan se canta o recita el Cordero de Dios.
Momento 13
«Este es el Cordero de Dios…» — «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Momento 14
Oración después de la comunión, bendición y envío: «Podéis ir en paz.» — «Demos gracias a Dios.»
El Evangelio nos presenta hoy una parábola dramática con un final triste (cfr. Mt 21,33-43). El dueño de un terreno planta una viña y la cuida bien; luego, como tiene que irse al extranjero, la arrienda a unos viñadores. Cuando llega el momento de la vendimia, envía a sus siervos para recibir los frutos. Pero los viñadores los maltratan y los matan; entonces, el dueño manda a su hijo, y ellos lo matan también. ¿Por qué? ¿Qué ha salido mal? (…) Con esta parábola, Jesús nos recuerda lo que sucede cuando el hombre se cree que se hace a sí mismo y olvida la gratitud, olvida la realidad fundamental de la vida: que el bien viene de la gracia de Dios, que el bien viene de su don gratuito. Cuando uno olvida esto, la gratuidad de Dios, termina por vivir la propia condición y el propio límite no ya con la alegría de sentirse amado y salvado, sino con la triste ilusión de no tener necesidad de amor ni de salvación. Uno ya no se deja querer, y se encuentra prisionero de su propia codicia, prisionero de la necesidad de tener más que los demás, de querer estar por encima de los demás. Este proceso es feo, y nos sucede muchas veces. Pensémoslo en serio. De ahí provienen muchas insatisfacciones y recriminaciones, tantas incomprensiones y tantas envidias; y, a causa del rencor, se puede caer en el torbellino de la violencia. Sí, queridos hermanos y hermanas, ¡la ingratitud genera violencia, nos roba la paz, nos hace hablar gritando, sin paz, mientras que un simple “gracias” puede restablecer la paz! (Francisco - Ángelus, 8 de octubre de 2023)