Ahora pues da voces, si habrá quien te responda; y ¿si habrá alguno de los santos a quien mires?
Es cierto que al loco la ira lo mata, y al codicioso consume la envidia.
Yo he visto al loco que echaba raÃces, y en la misma hora maldije su habitación.
Sus hijos estarán lejos de la salud, y en la puerta serán quebrantados, y no habrá quien los libre.
Su mies comerán los hambrientos, y la sacarán de entre las espinas, y los sedientos beberán su hacienda.
Porque la iniquidad no sale del polvo, ni el castigo reverdece de la tierra.
Antes como las chispas se levantan para volar por el aire , asà el hombre nace para la aflicción.
Ciertamente yo buscarÃa a Dios, y depositarÃa en él mis negocios;
el cual hace grandes cosas, que no hay quien las comprenda; y maravillas que no tienen cuento.
Que da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envÃa las aguas sobre las faces de las plazas.
Que pone a los humildes en altura, y los enlutados son levantados a salud.
Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus manos no hagan nada.
Que prende a los sabios en su astucia, y el consejo de sus adversarios es entontecido.
De dÃa se topan con tinieblas, y en mitad del dÃa andan a tientas como de noche.
Y libra de la espada al pobre, de la boca de los impÃos, y de la mano violenta.
Que es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerró su boca.
He aquÃ, que bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
Porque él es el que hace la plaga, y él la ligará; el hiere, y sus manos curan.
En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal.
En el hambre te redimirá de la muerte, y en la guerra de las manos del cuchillo.
Del azote de la lengua serás encubierto; ni temerás de la destrucción cuando viniere.
De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las bestias del campo;
pues aun con las piedras del campo tendrás tu concierto, y las bestias del campo te serán pacÃficas.
Y sabrás que hay paz en tu tienda; y visitarás tu morada, y no pecarás.
Y entenderás que tu simiente es mucha, y tus renuevos como la hierba de la tierra.
Y vendrás en la vejez a la sepultura, como el montón de trigo que se coge a su tiempo.
He aquà lo que hemos inquirido, lo cual es asÃ: Oyelo, y juzga tú para contigo.