Y llegándose los fariseos y los saduceos para tentarle, le pedÃan que les mostrase señal del cielo.
Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dÃa, decÃs: Sereno; porque el cielo tiene arreboles.
Y a la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabéis tomar decisiones basadas en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podéis?
La generación mala y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fue.
Y viniendo sus discÃpulos del otro lado del lago , se habÃan olvidado de tomar pan.
Y Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
Ellos pensaban dentro de sÃ, diciendo: Es porque no tomamos pan.
Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tomasteis pan?
¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes de los cinco mil hombres , y cuántos cestos alzasteis?
¿Ni de los siete panes de los cuatro mil, y cuántas canastas tomasteis?
¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
Entonces entendieron que no les habÃa dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
Y viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discÃpulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, ElÃas; y otros, JeremÃas, o alguno de los profetas.
El les dice: Y vosotros, ¿quién decÃs que soy?
Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.
Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Mas yo también te digo, que tú eres Pedro una piedra pequeña , y sobre la piedra grande edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
Y a ti daré las llaves del Reino de los cielos; que todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Entonces mandó a sus discÃpulos que a nadie dijesen que él era Jesús, el Cristo.
Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discÃpulos que le convenÃa ir a Jerusalén, y padecer mucho de los ancianos, y de los prÃncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer dÃa.
Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
Entonces él, volviéndose, dijo a Pedro: QuÃtate de delante de mÃ, Satanás; me eres estorbo; porque no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres.
Entonces Jesús dijo a sus discÃpulos: Si alguno quiere venir en pos de mÃ, niéguese a sà mismo, y tome su madero, y sÃgame.
Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mÃ, la hallará.
Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
De cierto os digo: hay algunos de los que están aquÃ, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino.