Cargando Misa y liturgia
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6 de agosto de 2026 · TIEMPO ORDINARIO
Momento 1
Señal de la cruz. El sacerdote saluda a la asamblea y se introduce la celebración del día.
24 de agosto
San Bartolomé (F)
Rojo
Del Martirologio Romano
Fiesta de san Bartolomé, apóstol, a quien generalmente se identifica con Natanael. Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirle, agregándolo a los Doce. Después de la Ascensión del Señor, es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio. (s. I)
Antífona de entrada Cf. Sal 95, 2-3
Proclamen, día tras día, la salvación de Dios; anuncien su
Momento 2
Se invita a reconocer los pecados. Puede usarse el «Yo confieso», las invocaciones Kyrie u otra fórmula. Como ayuda para rezar:
Acto de contrición
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado. Amén.
Momento 3
Los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma) y en las solemnidades se canta o recita el himno «Gloria a Dios en el cielo».
Gloria
ORACIÓN
Momento 4
El sacerdote invita a orar en silencio y concluye con la oración propia del día.
Padre, fortalece en nosotros la fe por la cual el apóstol san Bartolomé se unió profundamente a tu Hijo, y concédenos, por sus ruegos, que tu Iglesia sea sacramento de salvación para todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Cada uno de los cimientos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 9b-14
El Ángel dijo a Juan: “Ven que te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero”.
Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino.
Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero.
Palabra de Dios.
Momento 5
Lecturas, salmo y Evangelio propios de este día.
Momento 6
El sacerdote o el diácono explica la Palabra y la acerca a la vida de la asamblea.
Momento 7
Los domingos y solemnidades se recita el Credo. En muchas comunidades se usa el niceno; como texto para rezar, el de los Apóstoles:
Credo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Momento 8
La asamblea ora por la Iglesia, el mundo, los que sufren y la comunidad local.
Momento 9
Presentación de los dones, prefación, Santo y plegaria eucarística. El sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.
Momento 10
El sacerdote invita: «Fieles a la recomendación del Salvador…». Todos rezan:
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Momento 11
«La paz del Señor esté siempre con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se puede intercambiar un signo de paz.
Momento 12
Mientras se parte el pan se canta o recita el Cordero de Dios.
Momento 13
«Este es el Cordero de Dios…» — «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Momento 14
Oración después de la comunión, bendición y envío: «Podéis ir en paz.» — «Demos gracias a Dios.»
Como en el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el monte, que proclama: «Este es mi Hijo muy querido», mientras el Espíritu Santo cubre a Jesús con una «nube luminosa» (Mt 17,5). Con esta expresión, realmente singular, el Evangelio describe el estilo de la revelación de Dios. El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia; frente a Jesús, cuyo rostro brilla «como el sol» y cuyas vestiduras se vuelven «blancas como la luz» (cf. v. 2), los discípulos admiran el esplendor humano de Dios. Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne. La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria. En efecto, mientras el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece con la gloria de Dios. El Redentor transfigura así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. ¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor? El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9). Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor. (León XIV - Angelus, 1° de marzo de 2026)