Cargando Misa y liturgia
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15 de agosto de 2026 · TIEMPO ORDINARIO
Momento 1
Señal de la cruz. El sacerdote saluda a la asamblea y se introduce la celebración del día.
26 de agosto
MIÉRCOLES DE LA XXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
(o beato Ceferino Namuncurá, ML)
Verde
Antífona de entrada Sal Cf. 85, 1. 3
Inclina tu oído, Señor, respóndeme; salva a tu servidor que en ti confía. Ten piedad de mí, Señor, que te invoco todo el día.
ORACIÓN
Momento 2
Se invita a reconocer los pecados. Puede usarse el «Yo confieso», las invocaciones Kyrie u otra fórmula. Como ayuda para rezar:
Acto de contrición
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado. Amén.
Momento 3
Los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma) y en las solemnidades se canta o recita el himno «Gloria a Dios en el cielo».
Momento 4
El sacerdote invita a orar en silencio y concluye con la oración propia del día.
Señor Dios, que unes a tus fieles en una sola voluntad; concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes, para que, en la inestabilidad del mundo presente, nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
El que no quiera trabajar, que no coma.
Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 3, 6-10.16-18
Les ordenamos, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa, contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros.
Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar.
En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. Que el Señor de la paz les conceda la paz, siempre y en toda forma. El Señor esté con todos ustedes.
El saludo es de mi puño y letra. Ésta es la señal característica de todas mis cartas: así escribo yo, Pablo. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes.
Palabra de Dios.
Momento 5
Lecturas, salmo y Evangelio propios de este día.
Momento 6
El sacerdote o el diácono explica la Palabra y la acerca a la vida de la asamblea.
Momento 7
Los domingos y solemnidades se recita el Credo. En muchas comunidades se usa el niceno; como texto para rezar, el de los Apóstoles:
Credo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Momento 8
La asamblea ora por la Iglesia, el mundo, los que sufren y la comunidad local.
Momento 9
Presentación de los dones, prefación, Santo y plegaria eucarística. El sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.
Momento 10
Momento 11
«La paz del Señor esté siempre con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se puede intercambiar un signo de paz.
Momento 12
Mientras se parte el pan se canta o recita el Cordero de Dios.
Momento 13
«Este es el Cordero de Dios…» — «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Momento 14
Oración después de la comunión, bendición y envío: «Podéis ir en paz.» — «Demos gracias a Dios.»
La liturgia de esta fiesta de la Asunción nos ha propuesto el pasaje evangélico de la Visitación. San Lucas transmite en esta página la memoria de un momento crucial en la vocación de María. (…) El Magníficat, que el Evangelio pone en labios de la joven María, irradia ahora una luz que ilumina su historia. En este día, el del encuentro con su prima Isabel, se contiene el secreto de cualquier otro día, de cualquier otra época. Y las palabras no son suficientes; es necesario un canto, que la Iglesia sigue entonando cada día, al atardecer, «de generación en generación» (Lc 1,50) El canto de María, su Magníficat, refuerza en la esperanza a los humildes, a los hambrientos, a los siervos diligentes de Dios. Son las mujeres y los hombres de las Bienaventuranzas, que ya ven lo invisible aun estando en la tribulación: los poderosos derribados de sus tronos, los ricos con las manos vacías, las promesas de Dios realizadas. Se trata de experiencias que todos, en cada comunidad cristiana, deberíamos poder decir que hemos vivido; que parecen imposibles, pero en ellas se sigue revelando la Palabra de Dios. Cuando nacen los vínculos con los que nos oponemos al mal con el bien, a la muerte con la vida, entonces vemos que con Dios no hay nada imposible (cf. Lc 1,37). (Papa León XIV, Omelia, 15 de agosto de 2025)