Cargando Misa y liturgia
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6 de septiembre de 2026 · TIEMPO ORDINARIO
Momento 1
Señal de la cruz. El sacerdote saluda a la asamblea y se introduce la celebración del día.
XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
Sugerencias para la celebración
Nos reunimos una vez más para celebrar el día del Señor Resucitado. La presencia real de Cristo en medio de la comunidad asegurada por Jesús – «donde dos o más se reúnen en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos»- pone en acto su proyecto de solidaridad y fraternidad, logrando renovar continuamente nuestra vida.
A veces se ha pensado que la Eucaristía es un momento para evadirnos de las preocupaciones de la vida. ¡Todo lo contrario! Es el momento de mirar la verdad de nuestra vida, pero con esperanza.
Hoy día, por ejemplo, la liturgia de la Palabra pondrá ante nuestros ojos una realidad que no nos gusta ver: también en medio de la comunidad se dan incomprensiones, tensiones entre sus miembros. Incluso a veces cometemos ofensas entre nosotros y nos hacemos daño. ¿Qué hacer en estos casos?
Un camino de reconciliación
La indicación del evangelio de hoy es importante. Jesús, tomando la sabiduría del Antiguo Testamento nos quiere educar en la responsabilidad mutua. El método de Jesús para estos casos ha sido denominado la «corrección fraterna» (Evangelio).
La corrección fraterna se basa en la convicción de que en cierto modo todos somos responsables de los otros. Si alguien me ofende, no debo mirar hacia otro lado, sino intentar que el ofensor pueda darse cuenta de su falta. Y si soy yo el que he ofendido a alguien, debería agradecer a quien me lo hace ver. Por supuesto, al llevarla a cabo, se debe hacer con humildad: sencillez para corregir, humildad para ser corregidos. ¡No es fácil!
Sobre ella comenta san Agustín:
«Aquel que te ha ofendido, ofendiéndote, se ha inferido a sí mismo una grave herida, y tú ¿no te preocupas por la herida de un hermano tuyo? ... Tú debes olvidar la ofensa que has recibido, no la herida de tu hermano» (Sermones 82, 7).
Formar parte de una comunidad implica el que unos nos hagamos responsables del otro. Ser amables y humildes centinelas (
Momento 2
Se invita a reconocer los pecados. Puede usarse el «Yo confieso», las invocaciones Kyrie u otra fórmula. Como ayuda para rezar:
Acto de contrición
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de todo lo bueno que he dejado de hacer, porque pecando te he ofendido a Ti, que eres el sumo Bien y digno de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado. Amén.
Momento 3
Los domingos (fuera de Adviento y Cuaresma) y en las solemnidades se canta o recita el himno «Gloria a Dios en el cielo».
Momento 4
El sacerdote invita a orar en silencio y concluye con la oración propia del día.
Señor Dios, que nos has redimido para hacemos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre, para que cuantos hemos creído en Cristo alcancemos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Si tú no hablas para advertir al malvado, te pediré cuentas de su sangre
Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9
Así habla el Señor:
Hijo de hombre, Yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: “Vas a morir”, si tú no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Si tú, en cambio, adviertes al malvado para que se convierta de su mala conducta, y él no se convierte, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.
Palabra de Dios.
Momento 5
Se proclama la Palabra. Al terminar: «Palabra de Dios». — «Te alabamos, Señor».
Celebrar reconciliados
Quienes formamos parte de la Iglesia y participamos de la celebración litúrgica debemos tomar conciencia que hay una vinculación entre la comunión con Cristo y la comunión con los hermanos.
El mismo san Mateo, en otra parte del evangelio dice: «Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda» (Mt 5, 23-24).
La celebración de la Eucaristía es una gran escuela de reconciliación, de justicia y de paz. Ella nos anima a reconciliarnos y nos da la gracia para hacerlo.
El gesto de paz
Al menos dos opciones celebrativas se imponen en un día como este. Sería la ocasión oportuna para elegir tomar una de las dos plegarias de la Reconciliación. Su temática se hace especialmente adecuada para esta celebración.
Además, el gesto de paz que habitualmente tenemos en el rito de la comunión podría en esta ocasión relevar esta temática. Sugerimos para ello usar la siguiente invitación que aparece en el misal: «En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, démonos la paz como signo de reconciliación».
Oración de bendición
Nuestro Misal Romano tiene oraciones sobre el pueblo para usarse durante el año. La secuencia es como sigue. El ministro dice: «El Señor esté con ustedes», y el pueblo responde diciendo «con tu espíritu». El diácono puede decir: inclinemos nuestras cabezas para recibir la bendición. Tras ello se pronuncia la Oración, que este domingo podría ser la siguiente:
Ayuda, Padre, al pueblo que te implora y fortalece la fragilidad humana, para que, consagrándose a ti con un corazón puro, se alegre en la vida presente y futura. Por Jesucristo nuestro Señor.
Y tras ello el ministro dice: «La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes», a lo que la asamblea responde con un amén. Tras ello el diácono nos despide. Y le cantamos a la Virgen.
¡Que tengan una linda celebración!
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Antífona de entrada Sal 118, 137. 124
Tú eres justo, Señor, y tus juicios son rectos; trátame conforme a tu bondad.
Momento 6
Se responde al salmo con la antífona del día.
R. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor.
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor! R.
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. R.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: “No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras”. R.
El amor es la plenitud de la Ley
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 13, 8-10
Hermanos:
Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la ley. Porque los mandamientos: “No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás”, y cualquier otro, se resumen en éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.
Palabra de Dios.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO 2 Cor 5,19
Momento 7
«El Señor esté con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se proclama el Evangelio.
Momento 8
El sacerdote o el diácono explica la Palabra y la acerca a la vida de la asamblea.
Momento 9
ORACIÓN UNIVERSAL
S. Reunidos en nombre de Jesucristo, presentémosle ahora al Padre nuestra oración y pidámosle que se acuerde del mundo entero, de la Iglesia, y de cada uno de nosotros.
Por la Iglesia universal, para que, iluminada por el Espíritu Santo, sea siempre voz profética que anuncie la verdad, llame a la conversión y promueva la reconciliación entre los hombres. Roguemos al Señor.
Por las autoridades y gobernantes, para que ejerzan sus responsabilidades con justicia, honestidad y espíritu de servicio, buscando siempre el bien y la dignidad de todos los pueblos. Roguemos al Señor.
Por los que viven alejados de Dios, por quienes sufren divisiones, resentimientos o falta de amor, para que encuentren hermanos que los acompañen con caridad y los ayuden a reconciliarse y recuperar la esperanza. roguemos al Señor.
Por nuestra comunidad, para que aprendamos a corregir con amor, a escuchar la voz del Señor y a vivir el mandamiento del amor mutuo como plenitud de la vida cristiana. Roguemos al Señor.
S. Señor, escucha nuestras oraciones y derrama tu gracia sobre todos los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios nuestro, fuente del amor sincero y de la paz, concédenos glorificar tu nombre con estas ofrendas que te presentamos; y por la participación en la eucaristía ayúdanos a vivir unidos en un sólo corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
Antífona de comunión Sal 41, 2-3
Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente.
O bien: Cf. Jn 8,12
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor nuestro, que alimentas y vivificas a tus fieles con tu palabra y con los sacramentos del cielo, concédenos aprovechar de tal manera estos dones de tu Hijo amado que merezcamos participar siempre de su vida divina. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
Momento 10
La asamblea ora por la Iglesia, el mundo, los que sufren y la comunidad local.
Momento 11
Presentación de los dones, prefación, Santo y plegaria eucarística. El sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.
Momento 12
El sacerdote invita: «Fieles a la recomendación del Salvador…». Todos rezan:
Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Momento 13
«La paz del Señor esté siempre con vosotros.» — «Y con tu espíritu.» Se puede intercambiar un signo de paz.
Momento 14
Mientras se parte el pan se canta o recita el Cordero de Dios.
Momento 15
«Este es el Cordero de Dios…» — «Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.»
Momento 16
Oración después de la comunión, bendición y envío: «Podéis ir en paz.» — «Demos gracias a Dios.»